¿Por qué teniendo mucho más dinero somos igual o menos felices que hace 50 años?


Felicidad Interior Bruta (Fuente NEF (New Economics Foundation))

 Ahora tenemos “una calidad de vida” muy superior a la que se tenía hace 50 años pero nuestra felicidad no aumenta, e incluso en algunos países disminuye ¿por qué?. Es evidente que la sociedad actual está errando en transmitir los mensajes y valores que conseguirán hacernos felices y es nuestro deber que esto cambie, por nosotros en primer lugar y por los que vengan.

La psicología ha estado siempre preocupada por los sentimientos y problemas negativos (depresión,  enfermedades mentales,  etc) y no se ha centrado en explorar qué ocurre con los positivos (la felicidad, la alegría, la plenitud). Parece que es ahora cuando se están dando cuenta de que es realmente importante analizar estos últimos para prevenir los primeros. Y no sólo eso, es importante analizarlos para conseguir que la sociedad sepa lo que tiene que hacer para ser feliz, algo de lo que ya se habla mucho de manera general porque se empieza a valorar pero que nadie parece concretar.

Hoy se sabe que la felicidad no se rige por los logros personales ni por el dinero, ni siquiera se rige por la salud. Psicólogos como For Days, que vienen estudiando desde hace 10 años los sentimientos positivos, concluyen que la felicidad se puede medir por 3 parámetros:

  • Tener una personalidad sana (es un concepto más complejo de lo que parece y que aglutina muchos otros, pero creo que todos podemos entender a qué se refiere)
  • Tener unas buenas relaciones interpersonales
  • Tener una actividad de ocio o de trabajo que realmente te guste hacer

Curioso ¿verdad?. Viendo estos tres sencillos conceptos podemos darnos cuenta en seguida qué es lo que tenemos que trabajar y mejorar en nuestras vidas.

La felicidad viene midiéndose desde hace 50 años (en algunos países como EEUU, noruega o Alemania) y 30 años (en España y otros). Los alarmantes resultados son los que han llevado a los psicólogos a preguntarse qué es lo que estamos haciendo mal para que la sociedad no consiga ser más feliz con el paso de los años. Uno de los principales parámetros para medir la felicidad es el nivel de confianza y es curioso saber que en Noruega la confianza se sitúa en un 60%, frente a un 6% en Brasil (impresionante diferencia), y que la confianza de EEUU ha disminuido casi un 50% en 50 años (de un 63% a un 32%). En Europa los niveles de confianza se mantienen estables, pero dado que el bienestar ha aumentado considerablemente es urgente estudiar qué debemos hacer para que esto cambie. Hay que tener en cuenta que en 150 años la esperanza de vida se ha triplicado, por lo que ahora tenemos muchos más años para analizar esos errores y una vida mucho más larga que nos permitirá disfrutar de la plenitud a la que las conclusiones de esos análisis nos lleven.

Me gustaría plasmar lo que para mí ha sido una frase reveladora:

“Necesitamos una sociedad que se aleje de la creencia de que hay que ser el mejor o el que más éxito tenga. Necesitamos crear una sociedad en la que las personas se sientan felices y plenas colaborando con el bienestar común” (Richard Layard)

Ahora los padres se esfuerzan en conseguir que sus hijos sean los que más conocimientos tienen, los número 1 de la clase, o los mejores en aquello que decidan emprender, pero no se plantean que sus hijos no conseguirán la felicidad por conseguirlo, serían mucho más felices si aprendiesen que tienen que adquirir conocimientos para contribuir al bienestar común, que eso es lo que les llenará y les hará felices.

Desde hace unos años, siendo pioneros EEUU, se está promoviendo una corriente de extremo individualismo que busca sacar lo máximo de nosotros. Ésta corriente va en contra de la sociedad y del propio individuo porque somos individuos sociales y la sociabilidad nos hace felices (si buscamos solo nuestro propio bien, muchas veces va en contra del bien común o el bien del otro. Así, por ejemplo, encontramos esa agresividad laboral en la que se percibe una excesiva competitividad). Un reciente estudio revelaba que en Bangladesh, una de las zonas más pobres del planeta, el 79% de la población decía sentirse feliz (de los que el 38% decían que se consideraban muy felices), asegurando que la principal fuente de su felicidad se encontraba en los lazos afectivos que mantenían.

Concluyendo este post, me gustaría decir que debemos reflexionar sobre por qué conseguimos mejorar el bienestar y la calidad de vida y no la felicidad, que es mucho más importante. Debemos saber que no solo es una tarea individual plantearnos estas cuestiones sino una labor que debemos exigir al gobierno, que puede tomar innumerables medidas al respecto, desde la doctrina y la educación, a la ejecución de acciones concretas. Por ejemplo, dado que está analizado y estudiado que lo que más nos gratifica son las relaciones interpersonales y pasar tiempo con nuestra familia y amigos, el gobierno debería flexibilizar los horarios de los trabajos y tomar medidas para garantizar a los ciudadanos una buena conciliación de la vida profesional y personal.

La felicidad debería plantearse como un objetivo político midiéndose la FIB (Felicidad Interior Bruta) de cada país.

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4 Responses to ¿Por qué teniendo mucho más dinero somos igual o menos felices que hace 50 años?

  1. Milu says:

    Enhorabuena por este post, Laura. Me ha resultado muy muy interesante y constructivo.
    ¡Gracias!

  2. Alicia says:

    Me encanta el artículo que has escrito, Laura. El tema es super interesante y tú reflexión muy acertada. Realmente es un tema preocupante y debería ser, sin duda, el pilar de nuestros pensamientos. Sí me gustaría decir que tampoco debemos engañarnos, es decir, a veces con todo esto de la felicidad y, ante la falta de sentido de la vida, los problemas de la sociedad de consumo, etc, llegamos a un extremo que, para mí, tampoco es del todo positivo. Desde luego que considero que la felicidad parte de un estado interior sano y alejado del materialismo que ultimamente nos invade por completo, pero también es cierto que considero que no podemos pecar de idealistas y dejar a un lado la estructura socio-económica en la que cada uno nos encontramos. Con esto quiero decir que también hay que cuidar, preocuparse y trabajar duro por construir una estabilidad económica acorde con la sociedad en la que cada uno se encuentre. Y no me refiero a rodearse de lujos o comodidades, pero sí creo crucial encontrar un equilibrio entre trabajo, economía, y todos los demás aspectos que tú has señalado en tu artículo. Tener una vida interior rica, rodearse de personas que te quieren o realizar alguna actividad que nos realice es muy importante, pero si compras una casa que luego no puedes pagar, si te rodeas de personas que tienen un nivel económico muy superior al tuyo o descuidas las responsabilidades sociales y económicas, la felicidad tampoco va a llegar. Con todo esto quiero decir que creo que el equilibrio es la clave, que la vida interior es un pilar pero que, como bien decías, somos seres sociales y vivimos en sociedad. Una sociedad que nos aporta pero que también nos exige. En mi vida he sido bastante idealista siempre y he dedicado mucho tiempo y energía a pensar en la vida interior, en los valores, etc.. y, precisamente, yo he tenido que aprender la otra parte, la que te comento, mi responsabilidad por construirme una independencia, por salir adelante sola y entender las normas sociales y de convivencia tan complicadas para mi, porque mi naturaleza es otra… y considero que mi felicidad radica también ahí,…en poder encontrar ese equilibrio, en entender que uno debe trabajar, construirse un hogar, respetar las normas…..
    Para mi la palabra “equilibrio” ha sido todo un “descubrimiento” en los últimos años. Acostumbrada a ver tan positivo el mundo interior y los valores, por fin he comprendido que vivo en una sociedad en la que uno debe integrarse y aceptar lo bueno y lo malo que nos da. Intentando preservar lo positivo y mejorar lo negativo, no?….
    Gracias, Laura, por hacernos reflexionar en cosas tan importantes!!!!

    • lcorralb says:

      Gracias Alicia, muy buena reflexión la tuya también y la comparto. Todo ese equilibrio que comentas para mi es propio de una mente sana, por ello es un concepto tan amplio y complicado. Una mente sana, no solo en la parte profunda de uno mismo, sino en comprender cómo funciona el mundo, el de cada uno, y saber gestionar bien tanto el interior como el exterior para conseguir lo que cada uno busca o necesita.

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