Hagamos algo para evitar que el consumo acabe con el planeta y con nosotros mismos


Ahora que han pasado  las famosas y, a veces, temidas navidades y acabamos con la cuesta de enero, reflexionemos un poco sobre el consumo de la sociedad.

No solo quiero reflexionar sobre si compramos demasiado o si valoramos lo que tenemos, sino sobre lo que nos perdemos al no hacerlo.

De pequeña recuerdo abrir los reyes con muchísima ilusión, y ahora casi es un momento triste ver cómo los niños abren un juguete tras otro despreciándolos prácticamente desde el primer momento.  Pero ¿cuánta inversión en tiempo y dinero se desperdicia con cada uno de ellos? (tiempo y dinero que podría haber sido invertido en estar juntos y hacer alguna actividad común)  y encima ¿sirve para algo? ¿les hace más felices? Pero esto lo vemos todos y como no queremos que nuestro hij@ no tenga lo que tienen otros niños nos dejamos llevar por una dinámica con la que no estamos de acuerdo.

Aprovechemos que hay crisis para acabar con algo que no hace feliz a nadie y que convierte nuestra rutina en una rueda de insatisfacciones. Trabajamos para consumir y consumimos sin saciedad el tiempo que nos queda libre, que desgraciadamente cada vez es menor porque queremos algo nuevo o más caro. El consumismo nos ha consumido.

En este video nos explica el ciclo necesario para satisfacer el consumismo. Nos hace ver que es una planificación de los poderosos y que todo está rigurosamente pensado. En realidad es triste saber que no somos nosotros los que elegimos consumir o no, sino que somos meras marionetas de quien decide cómo funciona el sistema. La cadena que nos muestra es la siguiente:

  1. Explotación: 

Estamos agotando los recursos del planeta y no nos damos cuenta. Realmente en unos años nos habremos cargado gran parte del planeta y aunque todos los sabemos, casi nadie hace nada para paliar este daño. El otro día estaba en la M-40 dirección sur y desde ahí ya podía ver la inmensa nube tóxica que se sitúa sobre Madrid. Me pregunto si no la vemos o no queremos verla. En países como China hay una nube tóxica que impide ver el cielo y muchos ciudadanos usan máscaras en su día a día para protegerse de la contaminación, hagamos algo para no llegar a eso.

  • En tres décadas hemos gastado un tercio de los recursos del planeta.
  • EEUU tiene el 5% de la población mundial y consume el 30% de los recursos
  • En el Amazonas perdemos 2000 árboles por minuto

¿Hasta dónde vamos a llegar?

  1. Producción:  Desconocemos la cantidad de tóxicos que se utilizan para la realización de los productos, pero realmente no somos conscientes de que vivimos con ellos a diario. Por ejemplo muchos productos están hechos de un material ignífugo tremendamente tóxico, pero como de eso no nos informan, seguimos viviendo “felices” con sustancias que convierten la leche materna en casi el más tóxico de los productos. Aun así sigue siendo mucho mejor para el bebé amamantar, así que no estoy promoviendo lo contrario, sino simplemente ver que como no hagamos algo seguiremos viviendo en un mundo cada vez más intoxicado.
  2. Distribución: Se busca mantener los precios bajísimos para fomentar el consumo. Ello lleva irremediablemente a la explotación de recursos y personas. ¿Tampoco lo vemos?
  3. Consumo: Se nos ha vendido que valemos somos lo que consumimos. Cuánto más nuevas y valiosas sean nuestras posesiones más valor tendremos como personas. Para que esto salga rentable se han inventado dos conceptos que consiguen potenciar el consumismo:
  • Obsolescencia programada: Diseñan las cosas para que su vida útil sea ínfima y así tengamos que cambiarlo de nuevo en poco tiempo. Arreglar las cosas cuesta “más” que comprar otras nuevas.
  • Obsolescencia percibida: Cambian la apariencia de las cosas para que tu valor como persona sea visible y “percibible” por los demás. (véase el ejemplo de la moda en la que el grosor del tacón de los zapatos varía todos los años)

Han conseguido que hagamos del consumo nuestra forma de vida. Hemos creado rituales de compra y buscamos la satisfacción espiritual en los productos que compramos. Ahora trabajamos más horas para conseguir pagar aquello que compramos, que en teoría nos da la felicidad, pero se acaba en 1 año, con lo que no dejamos de trabajar y realmente estamos dedicando el tiempo libre a ver la televisión y comprar.

5.       Disposición: Somos conscientes de este punto porque sacamos la basura y, en el mejor de los casos, hasta la reciclamos, pero seamos sinceros, es un paso ínfimo en todo el daño que se hace al planeta con esta producción masiva de productos que nos venden “la felicidad” y en realidad nos la están quitando.

Por favor, dejemos de estar tan influenciados por la sociedad, que nos vende que  somos y valemos lo que tenemos, y empecemos a aprender qué es lo que realmente nos hace felices y a qué debemos dedicar nuestro tiempo. Hemos perdido valores importantes sin darnos cuenta y debemos recuperarlos.

En contraposición al consumismo existe un movimiento muy interesante que se llama Slow Life, que promueve que vivamos despacio, apreciando cada segundo y cada cosa, que no vivamos en función del reloj. No es que quiera deshacer el modelo de sociedad en el que estamos inmersos, pero si desmontar que todas nuestras acciones deban ser economizadas en un mundo dónde lo que más importa es la velocidad y la urgencia. Aunque solo sea en nuestro tiempo libre, desacelerémonos, aprendamos a disfrutar de las cosas otra vez.

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